Draconum
Hic Sunt Dracones
Donde los mapas terminan, comienza la historia

Churruca y el San Juan Nepomuceno en Trafalgar

Mientras el Santa Ana agonizaba a fuerza de cañonazos, en otro punto de la línea el brigadier Cosme Damián de Churruca libraba su propia batalla a bordo del San Juan Nepomuceno, un navío de 74 cañones. Hombre de gran formación científica además de marino, Churruca había escrito a su hermano antes del combate que no rendiría el barco bajo ninguna circunstancia. Cumplió su palabra: nada más empezar la acción, ordenó clavar la bandera al mástil, la señal inequívoca de que no habría rendición posible. El San Juan Nepomuceno quedó aislado y rodeado por hasta seis navíos británicos que lo cañoneaban desde todos los ángulos. Churruca dirigió la defensa con una entereza extraordinaria hasta que una bala de cañón le seccionó las dos piernas. Murió desangrado en cubierta, sin haber arriado jamás la bandera que él mismo había mandado clavar.