Monjes, frailes y clérigos combatieron con armas en las calles de Zaragoza
Durante el segundo sitio, cuando el combate se trasladó al interior de la ciudad, los religiosos de los conventos y monasterios zaragozanos no se refugiaron: se unieron a la defensa armada de sus propios edificios. El padre Basilio Boggiero, canónigo y uno de los hombres más cultos de la ciudad, organizó la resistencia en su sector y combatió junto a sus feligreses como si fuera un oficial más, convirtiéndose en uno de los líderes civiles del sitio.