El Cid fue desterrado dos veces por sus propios reyes castellanos
Rodrigo Díaz fue desterrado por Alfonso VI de Castilla en dos ocasiones: la primera en 1081, acusado de haber cobrado tributos en tierras toledanas sin permiso; la segunda en 1089, por actuar de forma independiente en Levante. Lejos de hundirle, el destierro le convirtió en un caudillo libre que puso su espada al servicio del mejor postor, incluyendo reyes musulmanes como el de Zaragoza, lo que le granjeó enemigos y admiradores a partes iguales.