Navegaron durante meses sin saber adónde iban ni cuándo terminaría el río
La expedición de Orellana se adentró en una selva sin mapas, sin guías fiables y sin saber si el río desembocaba en el océano o en algún lago interior. Durante meses navegaron entre pueblos indígenas que a veces los recibían con alimentos y otras los atacaban con miles de guerreros desde las orillas. Fray Gaspar de Carvajal, el cronista de la expedición, perdió un ojo en uno de estos combates y siguió escribiendo con el otro.