Grouchy oyó los cañones de Waterloo y no se movió, obedeciendo órdenes que ya no tenían sentido
El mariscal Grouchy tenía órdenes de perseguir a los prusianos y mantenerlos alejados de Waterloo. Mientras almorzaba, escuchó con claridad el cañoneo a pocos kilómetros. Sus generales le suplicaron que marchara hacia el fuego. Grouchy se negó: tenía órdenes de perseguir a los prusianos y las cumpliría, aunque los prusianos estuvieran ya claramente en Waterloo. Su obediencia ciega al pie de la letra, en el momento en que se necesitaba iniciativa, decidió el destino de Europa.