Draconum
Hic Sunt Dracones
Donde los mapas terminan, comienza la historia

La carga de la Guardia Imperial fue el último instante en que Napoleón pudo ganar

A última hora de la tarde, con la batalla en equilibrio, Napoleón lanzó a su Guardia Imperial —sus mejores soldados, nunca derrotados— en un ataque frontal contra las líneas inglesas. Wellington resistió. Cuando la Guardia retrocedió, algo impensable hasta entonces, cundió el pánico en todo el ejército francés: si la Guardia huye, todo está perdido. El ejército se desintegró en minutos. Napoleón había apostado todo en un minuto y perdido.