Draconum
Hic Sunt Dracones
Donde los mapas terminan, comienza la historia

Händel lo había perdido todo: la salud, el dinero, la memoria y la voluntad de vivir

En 1741, Georg Friedrich Händel tenía 56 años y estaba arruinado. Sus óperas fracasaban, sus deudas eran insostenibles y un derrame cerebral le había dejado el brazo derecho paralizado durante meses. Había recuperado el movimiento, pero no la inspiración. Londres, que lo había adorado, lo ignoraba. Händel estaba convencido de que su vida creativa había terminado y se preparaba para morir en el olvido.