Pompeya estuvo enterrada y olvidada durante 1.700 años hasta que un pozo la descubrió por accidente
Pompeya desapareció bajo metros de ceniza consolidada y fue olvidada tan completamente que incluso su nombre se perdió durante siglos. En 1748, unos obreros que excavaban un canal encontraron pinturas y objetos perfectamente conservados bajo tierra. Las excavaciones revelaron una ciudad congelada en el tiempo: el pan aún en los hornos, los grafitis en las paredes, los cuerpos en sus posturas finales. Pompeya no fue destruida: fue preservada por la misma catástrofe que la mató.