Gorbachov lanzó la glasnost y la perestroika para salvar la URSS y terminó destruyéndola
Cuando Mijaíl Gorbachov llegó al poder en 1985, la Unión Soviética era un gigante económicamente agotado. Sus reformas —glasnost (transparencia) y perestroika (reestructuración)— pretendían modernizar el sistema soviético, no eliminarlo. Desataron fuerzas que no pudo controlar: las repúblicas exigieron independencia, los partidos comunistas locales se desmoronaron y la economía colapsó. Gorbachov quiso reformar el comunismo y sin quererlo firmó su sentencia de muerte.