Tres ingenieros se zambulleron voluntariamente en agua radiactiva para evitar una segunda explosión
Días después del accidente, los expertos temían que el núcleo fundido alcanzara el agua que había bajo el reactor y provocara una explosión de vapor que habría contaminado la mitad de Europa. Tres ingenieros — Alexei Ananenko, Valeri Bezpalov y Boris Baranov — se ofrecieron voluntarios para nadar en el agua radiactiva del sótano inundado y abrir las válvulas de drenaje. Lo lograron. Durante años se creyó que habían muerto en días. Ananenko y Bezpalov siguen vivos. Baranov murió años después por causas no relacionadas directamente con la radiación.