España envió una flota a Filipinas sabiendo que iba a perder, para salvar el honor
Cuando estalló la guerra con Estados Unidos, el gobierno español sabía que la Armada no tenía posibilidades reales de ganar — los barcos eran viejos, la artillería estaba en mal estado y la marina americana era muy superior. Aun así, envió flotas tanto a Cuba como a Filipinas. La decisión fue deliberadamente política: no enviarlas habría sido una rendición sin luchar, inaceptable para la opinión pública y el honor nacional. España prefirió perder con dignidad en combate que capitular sin presentar batalla. El resultado fueron dos derrotas aplastantes y miles de muertos por un honor que tampoco salvó el imperio.