Aníbal juró odio eterno a Roma siendo un niño, a petición propia
Cuando Amílcar Barca, padre de Aníbal, preparaba su expedición a Hispania, el pequeño Aníbal —según Polibio, de apenas nueve años— le suplicó que lo llevara consigo. Amílcar accedió con una condición: que jurara odio eterno a Roma ante los dioses. Aníbal juró y cumplió. Pasó su infancia y juventud en Hispania, aprendiendo a combatir junto a su padre y sus hermanos, forjando el ejército multicultural —iberos, africanos, galos, númidas— que llevaría hasta las puertas de Roma veinte años después.