Los asesinos de Viriato fueron a cobrar su recompensa y el cónsul romano los rechazó
Tras asesinar a Viriato mientras dormía, sus tres lugartenientes — Audax, Ditalco y Minuro — viajaron al campamento romano a cobrar la recompensa prometida por el cónsul Quinto Servilio Cepión. La respuesta del cónsul pasó a la historia: "Roma no paga a traidores." Los asesinos fueron ejecutados sin cobrar nada. La frase fue grabada en el imaginario colectivo hispano como ejemplo de la doblez romana. Viriato fue enterrado con honores militares por sus propias tropas y llorado como si fuera un rey, aunque nunca quiso serlo.