Antes de rendirse, los numantinos quemaron la ciudad y se mataron entre sí para no caer prisioneros
El 6 de agosto del año 133 a.C., cuando quedó claro que la resistencia era imposible, los numantinos tomaron una decisión colectiva: destruir todo lo que tenían antes de que Roma pudiera capturarlo. Quemaron sus casas, sus pertenencias y sus víveres. Según las fuentes romanas, muchos prefirieron suicidarse o matarse entre sí antes que ser capturados y vendidos como esclavos. Los pocos que salieron vivos fueron exhibidos en el triunfo de Escipión en Roma. Numancia se convirtió en símbolo de resistencia hasta la muerte — un concepto que los españoles llamarían después "numantino" para describir cualquier resistencia llevada hasta el límite.