Un empleado del Louvre la robó en 1911 y la convirtió en la obra más famosa del mundo
El 21 de agosto de 1911, el italiano Vincenzo Peruggia, que había trabajado en el Louvre, escondió el cuadro bajo su ropa y salió del museo sin que nadie lo notara durante casi 24 horas. Alegó motivos patrióticos, convencido de que la obra debía pertenecer a Italia, aunque Napoleón nunca la había robado: Leonardo se la había llevado él mismo a Francia. Cuando se recuperó en 1913 y regresó al Louvre en enero de 1914, unas 120.000 personas la visitaron en los dos primeros días, y el robo terminó de convertirla en el icono más famoso del arte mundial.