Pintó solo, en una postura tan dolorosa que se quejaba amargamente a su hermano en sus cartas
Contrariamente al mito de que pintó tumbado, Miguel Ángel trabajó de pie sobre un andamiaje que él mismo diseñó, con el cuello doblado hacia atrás durante horas para alcanzar el techo. No contó con ayudantes para la pintura en sí, solo con obreros que preparaban el yeso fresco cada jornada, y en una carta a su hermano de 1512 se quejaba de no tener ni un céntimo y de padecer "grandiosas privaciones y fatigas" mientras esperaba el pago final.