Hoy vive tras un cristal blindado, después de sufrir un ataque con ácido y varias pedradas
Desde su regreso al Louvre, la Mona Lisa ha sufrido varios intentos de vandalismo: en 1956 alguien le arrojó ácido dañando la parte inferior del lienzo, y ese mismo año otro visitante le lanzó una piedra. Desde entonces se exhibe protegida por un grueso cristal blindado y climatizado, tras el cual la observan a diario miles de visitantes que a menudo se sorprenden de lo pequeño que es el cuadro en realidad —apenas 77 por 53 centímetros—. Es, con diferencia, la obra más fotografiada y menos realmente "vista" del museo.