En 1904 lo agrandaron a tamaño monumental y se convirtió en un icono mundial
En 1904, Rodin amplió El pensador a una escala monumental, lo que multiplicó todavía más su popularidad fuera de los círculos artísticos. Ese mismo año, el editor Gabriel Mourey exhibió la obra en la ciudad de París, y su fama se extendió de una minoría interesada en cuestiones estéticas al público internacional. Desde entonces se han fundido decenas de copias en bronce repartidas por museos de todo el mundo.