Los restos siguieron asombrando a los visitantes durante 900 años, hasta que los árabes los vendieron como chatarra
Los fragmentos del Coloso permanecieron tendidos en el mismo lugar durante casi nueve siglos, convertidos en una atracción por derecho propio para los viajeros que pasaban por Rodas. En el año 654, tras la conquista árabe de la isla, el bronce fue vendido como botín a un mercader de Edesa, que según la leyenda necesitó 900 camellos para transportarlo. Así desapareció para siempre una de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo, sin que quede vestigio material alguno de ella.