De tres puentes a cuatro: cómo creció el mayor navío de su tiempo
Botado en 1769 en los astilleros de La Habana, el Santísima Trinidad nació como un navío de tres puentes y 120 cañones, ya de por sí uno de los mayores de su época, cuando la norma entre las grandes potencias navales era no superar esa cifra. Décadas después, en una reforma llevada a cabo en Cádiz a finales del siglo XVIII, se le añadió un cuarto puente para instalar más piezas de artillería, elevando su dotación hasta las 130-140 bocas de fuego según el armamento embarcado en cada campaña. Aquella ampliación, poco habitual en un barco ya construido, lo convirtió en el único navío de cuatro puentes en servicio de toda Europa, y le valió el sobrenombre de "El Escorial de los Mares" por su tamaño descomunal, comparado con el imponente monasterio-palacio español.