"¡Thálassa! ¡Thálassa!": diez mil mercenarios griegos atravesaron 2.000 km de territorio persa hostil hasta ver el mar
En 401 a.C., Ciro el Joven contrató a unos 10.000 mercenarios griegos para arrebatarle el trono persa a su hermano, el rey Artajerjes II. El 3 de septiembre de ese año, en la batalla de Cunaxa, cerca de Babilonia, el ejército persa fue derrotado, pero Ciro murió en combate, dejando a los griegos varados en pleno corazón del Imperio persa, sin causa por la que luchar y rodeados de enemigos. Poco después, el sátrapa persa Tisafernes invitó a los generales griegos a una negociación de paz y los asesinó a traición. Sin líderes, sin guías y sin suministros, los Diez Mil eligieron nuevos generales entre sus propias filas —entre ellos, un oficial ateniense de rango menor llamado Jenofonte— y decidieron abrirse paso hacia el mar por su cuenta. Lo que siguió fue una marcha de meses a través de las montañas de Kurdistán y Armenia, combatiendo constantemente contra tribus hostiles, cruzando ríos helados y sufriendo hambre, nieve y agotamiento, en un recorrido de más de 2.000 kilómetros. Finalmente, al coronar el monte Teques, cerca de la ciudad griega de Trapezunte, los soldados de vanguardia divisaron el mar Negro y rompieron a gritar "¡Thálassa! ¡Thálassa!" ("¡El mar! ¡El mar!"), sabiendo que habían llegado a territorio griego. Jenofonte relató toda la epopeya en su obra Anábasis, considerada una de las mejores crónicas de supervivencia y liderazgo militar jamás escritas.