Draconum
Hic Sunt Dracones
Donde los mapas terminan, comienza la historia

Las pinturas de Altamira son tan realistas que en su época se acusó a su descubridor de haberlas falsificado

En 1879, el terrateniente y arqueólogo aficionado Marcelino Sanz de Sautuola visitaba la cueva de Altamira, en Cantabria, cuando su hija pequeña, María, alzó la vista y gritó "¡Toros, toros!" al descubrir el techo cubierto de bisontes pintados. Las pinturas, realizadas hace unos 14.000 años durante el Paleolítico superior con pigmentos de ocre, carbón y hematites, mostraban un dominio del color, el volumen y la perspectiva tan sofisticado que la comunidad científica se negó a creer que fueran obra de "cavernícolas": muchos expertos acusaron a Sautuola de haberlas falsificado él mismo. Sautuola murió en 1888 sin ver reconocido su hallazgo. No fue hasta 1902, con el descubrimiento de arte similar en Francia, cuando se aceptó públicamente la autenticidad de Altamira, hoy considerada la "Capilla Sixtina del arte cuaternario".