Draconum
Hic Sunt Dracones
Donde los mapas terminan, comienza la historia

Un llamamiento del Papa en Clermont desató una marcha de miles de kilómetros que terminó con la conquista de Jerusalén

En noviembre de 1095, el papa Urbano II pronunció un encendido discurso en el Concilio de Clermont pidiendo a la cristiandad occidental que acudiera en ayuda del Imperio bizantino y liberase Tierra Santa del dominio musulmán. La respuesta fue masiva: decenas de miles de caballeros, nobles y campesinos, atraídos por la promesa de indulgencia plenaria y por la posibilidad de tierras y botín, emprendieron una marcha de más de 3.000 kilómetros a través de Europa y Anatolia. Tras años de asedios, hambrunas y matanzas —incluida la brutal toma de Antioquía—, los cruzados conquistaron Jerusalén el 15 de julio de 1099 y masacraron a buena parte de su población musulmana y judía. Fue la única de las nueve cruzadas medievales que alcanzó plenamente su objetivo militar, y dio origen a los Estados cruzados de Oriente Próximo.