Draconum
Hic Sunt Dracones
Donde los mapas terminan, comienza la historia

Un rey acorralado por sus propios nobles firmó en 1215 el documento que sentó las bases del constitucionalismo moderno

En junio de 1215, el rey Juan de Inglaterra, enfrentado a una rebelión de sus barones hartos de impuestos abusivos y decisiones arbitrarias, se vio obligado a sellar la Magna Carta en el prado de Runnymede, junto al río Támesis. El documento establecía por primera vez que ni siquiera el rey estaba por encima de la ley: garantizaba juicios justos, limitaba el poder real para imponer tributos sin consentimiento y protegía ciertos derechos de la nobleza y la Iglesia. El propio Juan intentó anularla semanas después con el respaldo del papa, desatando una guerra civil, pero el principio ya estaba sembrado. Reeditada varias veces en los siglos siguientes, la Magna Carta se convirtió en la piedra angular de la que beberían después el parlamentarismo inglés, el habeas corpus y buena parte del pensamiento constitucional moderno, incluida la Constitución de Estados Unidos.