Los últimos tercios rechazaron cinco cargas de caballería seguidas antes de aceptar una rendición honrosa
Pese al colapso general, los tercios españoles del centro no se desbandaron: formaron un cuadro defensivo de picas y mosquetes y rechazaron hasta cinco cargas sucesivas de la caballería francesa. Solo cuando la artillería recuperada se sumó a una sexta carga combinada, la resistencia se quebró, y los tercios de Garcíez y Villalba, ya sin munición y sin esperanza de refuerzos, aceptaron rendirse con honores tras ser respetados por el propio Enghien. La disciplina y el temple de esa resistencia final, más que la derrota en sí, es lo que ha quedado grabado en la memoria militar española.