La derrota no acabó con los tercios de golpe, pero marcó el momento en que dejaron de decidir las guerras de Europa
Contrariamente al mito, los tercios no desaparecieron en Rocroi ni España se derrumbó militarmente al instante: siguieron cosechando victorias puntuales, como en Valenciennes (1656), y algunos historiadores señalan la batalla de las Dunas (1658) como el verdadero punto final de su supremacía. Pero Rocroi sí marcó un cambio simbólico decisivo: la infantería que había sido invencible durante siglo y medio demostró que podía ser derrotada, justo cuando Francia, bajo Mazarino y el futuro Luis XIV, comenzaba a emerger como la nueva potencia dominante del continente, y España afrontaba además las sublevaciones simultáneas de Cataluña y Portugal.