Draconum
Hic Sunt Dracones
Donde los mapas terminan, comienza la historia

Nunca hubo un ejército regular capaz de expulsar a Napoleón: lo hizo una guerra de guerrillas

Tras el levantamiento de Madrid, juntas provinciales y locales organizaron la resistencia en todo el país, y aunque España logró una victoria destacable en Bailén (julio de 1808), Napoleón llegó en persona en noviembre con 250.000 hombres y recuperó casi toda la península. Fue entonces cuando partidas de guerrilleros como El Empecinado, el Cura Merino o Espoz y Mina —muchos de ellos campesinos sin formación militar— empezaron a hostigar sin descanso las líneas de suministro y comunicación francesas. Esta guerra de desgaste, más que las grandes batallas, obligó a Napoleón a mantener inmovilizados en España a más de 300.000 soldados que necesitaba en el resto de Europa.