Trescientos años después, los juglares convirtieron una emboscada vascona en una batalla épica contra 400.000 sarracenos
La derrota real, apenas mencionada por Eginardo, se transformó siglos más tarde en la Chanson de Roland, escrita hacia el siglo XI y considerada la obra fundacional de la épica francesa. El poema cambió a los atacantes vascones por un ejército sarraceno gigantesco, convirtió a Roldán en un héroe que se niega por orgullo a pedir ayuda hasta el último momento, y añadió elementos legendarios como su espada Durandarte y el cuerno olifante que finalmente hace sonar, ya demasiado tarde. La leyenda tuvo tanto éxito que, según la tradición, se cantó en la batalla de Hastings en 1066 para enardecer a las tropas normandas.