Herido por una ballesta en la cabeza durante el asedio de Valencia, se arrancó la flecha para no desmoralizar a sus tropas
Tras asegurar Mallorca, Jaime I dirigió su ambición hacia la taifa musulmana de Valencia, aprovechando las divisiones internas tras la muerte del gobernador Abu Zayd. Durante el sitio de la ciudad, en 1238, el rey recibió el impacto de una saeta de ballesta en la cabeza y, temiendo que sus hombres perdieran la moral al verlo herido, se arrancó la flecha él mismo para seguir dirigiendo las operaciones. Valencia capituló el 28 de septiembre de 1238 y Jaime I entró solemnemente en la ciudad el 9 de octubre, consagrando la mezquita mayor como catedral cristiana ese mismo día.