Draconum
Hic Sunt Dracones
Donde los mapas terminan, comienza la historia

Un anarquista catalán pidió a su casera que engalanara el balcón con motivo de la boda real, sin decirle por qué

Mateo Morral, hijo de un adinerado industrial textil de Sabadell y bibliotecario de la escuela racionalista de Francisco Ferrer Guardia, viajó a Madrid en mayo de 1906 con el propósito de asesinar al rey Alfonso XIII. Alquiló una habitación en una pensión del número 88 de la calle Mayor, un lugar elegido por su vista directa sobre el recorrido que seguiría la comitiva nupcial el día de la boda real, y pidió a la dueña que decorara el balcón con guirnaldas y banderas para no levantar sospechas, corriendo él mismo con los gastos. No era su primer intento: ya había planeado un atentado similar en París el año anterior.