El Imperio Romano de Occidente cayó sin una gran batalla final
En el año 476, el general germano Odoacro, al mando de tropas mercenarias germánicas que servían en el ejército romano, depuso sin apenas resistencia al último emperador romano de Occidente, Rómulo Augústulo, un adolescente de apenas 16 años que ostentaba el título de forma casi simbólica y sin poder real efectivo en un imperio ya fragmentado y debilitado por décadas de crisis. No hubo saqueo ni gran batalla final que marcara el fin: el imperio simplemente dejó de existir administrativamente, con Odoacro asumiendo el título de rey de Italia y enviando las insignias imperiales a Constantinopla, en un final discreto para un imperio que había dominado el Mediterráneo durante siglos.