Spínola trató al gobernador holandés vencido como a un igual, sin humillarlo
El 5 de junio de 1625, sin víveres ni esperanza de refuerzos, Justino de Nassau entregó las llaves de Breda a Ambrosio Spínola. Lejos de humillar al vencido, como era costumbre en la época, Spínola lo recibió con una cortesía inusual, permitiéndole salir de la ciudad con honores militares junto a su guarnición. El gesto de caballerosidad entre enemigos, más propio de un código de honor que de la crueldad habitual de las guerras de religión europeas, quedó grabado en la memoria de quienes lo presenciaron.