La ceniza en la atmósfera tiñó los cielos de rojo en todo el mundo durante casi tres años
Las cenizas y aerosoles lanzados a la estratosfera por la erupción se dispersaron por todo el planeta, provocando atardeceres de un rojo intenso y colores inusuales en el cielo durante meses, e incluso años, después del suceso. Algunos historiadores del arte sugieren que esos cielos anómalos pudieron inspirar el fondo rojizo de "El grito" de Edvard Munch, pintado una década después en Noruega. La erupción también provocó un enfriamiento global medible de casi un grado durante el año siguiente.