Una epidemia de peste, más que el propio saqueo, acabó destruyendo al ejército que había arrasado Roma
Clemente VII resistió recluido en Sant'Angelo hasta el 6 de junio de 1527, cuando aceptó pagar un rescate de 400.000 ducados y ceder varias ciudades al Imperio a cambio de su libertad. Pero la ciudad ya estaba devastada: durante el verano, una epidemia de peste se propagó entre los soldados imperiales hacinados en un Roma sin apenas suministros ni higiene, matando a unos 5.000 de ellos, más de los que habían caído combatiendo. El golpe fue tan profundo para el prestigio del Papado que muchos historiadores consideran este episodio el verdadero final del Renacimiento romano, con años de reconstrucción por delante.