En dos horas, la escuadra española rindió a 23 de las 25 naves francesas en Muros
El choque en la ría de Muros fue breve pero durísimo. La nave de Bazán embistió y hundió a la capitana francesa, aunque el golpe también dejó gravemente dañada a la suya propia; sin detenerse, el almirante abordó otra nao enemiga y la rindió cuerpo a cuerpo. El combate se generalizó por toda la ría y, al cabo de apenas dos horas, la resistencia francesa se derrumbó: de las veinticinco naves enemigas, veintitrés fueron apresadas, una se hundió con su capitana y solo una logró escapar malherida. Las bajas francesas superaron los tres mil hombres, frente a unos ochocientos españoles entre muertos, ahogados y heridos. La flota victoriosa regresó a La Coruña remolcando a los barcos capturados. A bordo de la nave capitana viajaba un muchacho de diecisiete años que libraba así su primer combate: Álvaro de Bazán y Guzmán, hijo del vencedor, que con el tiempo se convertiría en el legendario marqués de Santa Cruz.