El pueblo de Baler amaneció vacío el día que empezó el asedio
En junio de 1898, tras meses de tensión creciente con la revolución independentista filipina, los habitantes filipinos del pueblo de Baler abandonaron sus casas de la noche a la mañana al estallar abiertamente la revuelta en la zona, dejando a la pequeña guarnición española completamente sola, rodeada y sin posibilidad de abastecimiento local. Los soldados despertaron sin vecinos, sin comercio y sin apoyo alguno en las calles habitualmente bulliciosas del pueblo, comprendiendo de inmediato, ante el silencio inquietante, que el cerco que se avecinaba sería largo y que no podrían contar con ninguna ayuda de la población civil que hasta entonces los había rodeado.