La guarnición española se atrincheró dentro de la iglesia de Baler
Ante la imposibilidad de defender el pueblo abierto frente al número creciente de insurrectos filipinos, los 50 soldados españoles al mando del teniente Saturnino Martín Cerezo se refugiaron en la iglesia de Baler, el edificio más sólido de la localidad, fortificando puertas y ventanas con sacos de arena, mobiliario y cualquier material disponible para resistir disparos y posibles asaltos. La iglesia se convirtió en su único mundo durante los siguientes 337 días, resistiendo asedio constante, hambre progresiva, enfermedades tropicales como el beriberi y un aislamiento casi total respecto a cualquier noticia fiable del exterior.