Draconum
Hic Sunt Dracones
Donde los mapas terminan, comienza la historia

Ni siquiera un sacerdote español enviado a convencerles logró que depusieran las armas

Los sitiadores filipinos enviaron en varias ocasiones emisarios para convencer a la guarnición de que la guerra había terminado y debían rendirse honrosamente, incluyendo en uno de esos intentos a un sacerdote español capturado tiempo atrás, que se presentó ante los muros del templo para hablarles directamente. Los soldados, desconfiados tras meses de engaños, emboscadas y falsas promesas previas por parte de los sitiadores, lo tomaron por un impostor o un prisionero obligado a mentir bajo amenaza de muerte, y se negaron rotundamente a creerle, llegando incluso a sospechar que el propio sacerdote podía estar actuando bajo coacción extrema.