De vez en cuando salían de la iglesia para atacar a sus propios sitiadores
Lejos de limitarse a resistir pasivamente tras los muros de la iglesia, la guarnición española realizaba salidas nocturnas y a veces diurnas para conseguir alimento, agua potable o munición de los almacenes abandonados del pueblo, atacando por sorpresa a las posiciones filipinas que rodeaban el templo en distintos puntos. Estas incursiones, arriesgadas y constantes a lo largo de casi un año de asedio, mantenían a los sitiadores en alerta permanente y reforzaban paradójicamente la determinación de los propios españoles de no rendirse, demostrándose a sí mismos que aún conservaban capacidad ofensiva pese a las penurias sufridas.